
¿Acaso alguien puede dudar
que hay algo más puro, inocente
y transparente que la sonrisa de un niño?
Jamás alguien podrá legar a comprender lo que siento. Por más que se esfuercen, por más que traten de intentarlo es prácticamente imposible que alguien pueda imaginar lo que pasa por mi mente en el momento en que yo me pinto.
Hacía cuatro años ya, que era el payaso oficial… El payaso titular del hospital de niños… Y aún nadie comprendía exactamente que me llevaba a convertirme cada día en lo que era, simplemente un payaso. ¡Qué difícil fue!… ¿Cómo poder contar todos los bloqueos mentales que tuve que romper?. No es fácil pintarme la cara y caminar por los pasillos del hospital; muchas veces sentí ganas de esconderme en un baño y terminar con esto de una vez. ¿Quién puede comprender cuántas cosas se mueven dentro de uno en el momento de pintarse?… Esto, es algo que pueden comprender solamente los que hayan pasado por una experiencia similar. Parece fácil, claro… Esto es una estupidez; diría mucha gente… Agarrás, te ponés una ropa ridícula con muchos colores, la crema en la cara y chau… Total, todos van a reír de cualquier cosa que hagas… ¡Qué error!… ¡Qué error terrible comete la gente al creer esto!. Como me hubiera sido de fácil, si fuera como algunos creen. Justamente yo, soy el mejor ejemplo de que esto no es fácil… Años de mi vida me costó la transformación… Miles de miedos… Miles de cuestiones y sobre todo… la vergüenza, la terrible vergüenza de parecer un ridículo haciendo estupideces… El gran miedo a que se estén riendo de mí y no de lo que hago… ¡Si la gente supiera todo lo que es necesario vencer para poder ser un payaso!…
Pero yo tenía un estímulo, tal vez el mayor, el mejor estímulo posible… Los niños… Y no cualquier niño… Los niños enfermos… ¿Cómo puede estar un niño enfermo?. Eso es algo que Dios jamás me ha podido contestar…
Trabajaba en la sala de oncología del Hospital de niños y ésta no es una tarea sencilla de hacer… Hay que tener mucha fuerza para estar en este lugar. Muy poca gente sabe lo que se sufre trabajando acá; que es necesario llorar mucho para hacerlo. Porque de eso se trata, de llorar. Llorar cuando se sufre con los niños, llorar cuando uno ve que el público abandona este mundo… Llorar cuando uno quiere hacer cosas y no puede… Y por supuesto, también llorar cuando alguien consigue tener éxito en algo programado y deseado, quizá, durante años…
¿Cómo contarle a la gente cuánto lloré?. Las noches enteras que lloré cuando no encontraba mi payaso. ¿Cómo no encontraba su payaso? –se preguntarán algunos-. El payaso todos los llevamos dentro; y esto, poca gente lo sabe. Él en algún momento va a nacer pero debe vencer muchos obstáculos para salir a la luz y a veces uno mismo se lo impide… Un payaso vivió dentro mío durante muchos años y siempre lo obligué a permanecer reprimido… Siempre lo obligué a callarse la boca y a dejar su cuerpo quieto. ¿Alguien tiene idea de lo qué esto significa para un payaso?. ¿Alguien puede imaginar lo que siente un payaso cuando se le impide hablar y expresarse con su cuerpo?… Es tal vez una de las experiencias que más puede hacer sufrir a una persona –descubrir que se lleva un payaso adentro, pero reprimido y obligado a vivir en silencio- Pero el puja… Puja… Y tarde o temprano saldrá a la luz. Es como cuando un escritor tiene la idea de un libro adentro. Éste indefectiblemente nacerá, porque si no, ese escritor no podrá dormir por el resto de su vida… Pero un payaso … Un payaso no es cualquier cosa;. Porque él te obliga a romper con todos tus prejuicios y formas establecidas, ésas que te han enseñado desde que eras niño y te obliga también, a sentir muchas cosas que no son fáciles de enfrentar… Te lleva del extremo de la alegría, al extremo de la tristeza; pasás del llanto a la risa con una facilidad increíble y las puntadas que de repente te dan de tanto reírte, te quiebran en dos cuando instantáneamente pasan a ser de dolor.
¿Cómo poder expresar todo esto?. ¿Cómo expresar lo que siente un payaso con la cara pintada?. Pero yo tenía mi público… Mi público eran los niños del hospital… Yo no quería circo… Yo no quería fama…
Acá no estaba en juego mi ego, ni mi sed de popularidad. Era una necesidad interior. La necesidad de darle movimiento al payaso que llevo dentro y que si seguía reprimido, terminaría por matarme a mí también. Es cierto que a veces soñaba con una gran platea llena de niños y adultos que me aplaudieran… ¿Quién no espera el reconocimiento por algo hecho con tanto amor?. Pero de todas formas, mi público sabía muy bien lo que yo quería… Esto es lo bueno de ser payaso… Los niños son un público que muchas veces no sabe aplaudir pero sí sabe mirar y en la mirada de esas personitas están los sentimientos. No necesitaba aplausos… Me bastaban sus caritas… Me bastaba tocarles las manos y ver sus blancos dientes resplandeciendo, para saber que jamás necesitaría la fama para ser feliz… Ya lo había logrado al liberar mi payaso, y mi felicidad se trasmitía a un montón de niños… Algunos de los cuales tenían los días contados, pero que yo ayudaría a que pudieran llevar su enfermedad a cuesta con una sonrisa… No espero el reconocimiento de nadie… Solamente doy gracias a Dios, por ayudarme a conseguir la sonrisa de estos niños, porque éste es mi trabajo. El motivo por el cual estoy aquí, es solamente para poder llevar a cabo mi vocación… La de soltar el payaso; ése que día tras día consigue arrancar sonrisas a los niños internados en este hospital. De vez en cuando y muy pocas veces alguien me ha dado las gracias, pero de todas formas nadie podrá comprender jamás porque lo hago, mucha gente se seguirá preguntando: -¿Qué lleva a este hombre a hacer esto?
Y la pregunta no tiene respuesta, porque tampoco la tiene para mí, a pesar de que ya hace varios años que vengo pintándome, riendo, llorando, y riendo y llorando y pintándome… Creo que mas llorando que otras cosas. Como estoy llorando ahora porque un loco escritor que no me conoce pero sabe que existo se acordó de mi; pero esto no es habitual. Lo habitual, es qué el público, mis niños enfermos, sean los que más se acuerden de mí. Ellos, tal vez, los que lleguen, seguirán recordando con amor a aquel payaso que les enseño a dibujar o sacó una flor de su bolsillo y se la regaló cuando estuvieron internados en el hospital de niños y aún con muchos años encima seguramente lo recordarán con una sonrisa… La misma que yo les arrancaba cuando eran niños
